Los fantasmas de Roma y el milagro de Anfield: Una aproximación psicodeportiva

Víctor Arredondo

Psicólogo Deportivo

En los deportes a nivel mundial, hay momentos que se viven como excepcionales, uno de ellos se vivió el 7 de mayo del 2019 en la ciudad de Liverpool (Inglaterra), en el mítico estadio de Anfield.

El local, Liverpool, enfrentaba al Barcelona en el marco del partido de vuelta por la semifinal de la UEFA Champions League. Barça había finalizado el partido de ida en un 3-0 en el Camp Nou con un espectacular tiro libre de Lionel Messi.

Los medios de comunicación de masas en todo el mundo colocaban los ojos en el encuentro, los días previos eran de mucha especulación y expectación.

Afición del Liverpool (Autoría: AFP)

Dos variables eran parte de los discursos, por un lado aparecía la hinchada de los “Reds” que de forma unánime era considerada un factor de ventaja para el local ya que sus características influenciaban emociones negativas en los rivales.

Por el otro lado, se hablaba de fantasmas que venían desde la derrota del Barcelona en manos de la Roma, el 10 de abril del 2018. El equipo catalán en la ida había ganado 4 a 1. El partido de vuelta se celebraría en Italia, en el que Barcelona perdió por 3-0 quedando eliminado de la UEFA Champions League. 

Recientemente se estrenó la serie documental “Matchday: Dentro del FC Barcelona” en Netflix (lo puedes ver acá), y en el capítulo 7, llamado “The 18- Day Storm”, el Director Técnico Ernesto Valverde y los jugadores entregan sus apreciaciones de lo vivido, las posibles razones de la derrota y discursos que nos permiten analizar desde lo psicológico lo sucedido en aquel partido.  

Resumen del partido de vuelta Liverpool – Bacerlona. UEFA Champions League 2019.

 “Los fantasmas de Roma”, una traducción psicodeportiva

En los días previos al partido de ida en Liverpool, la especulación de la prensa construía un imaginario en el que el Barcelona debería no sólo cerrar la llave de la semifinal sino que tenía que lidiar con los símbolos de una derrota en Roma.

Para el cuerpo técnico y para el grupo de jugadores se debería planificar y jugar dos partidos a la vez: uno en la cancha y otro en la cabeza, ambos espacios de juego se retroalimentan.  

En una conferencia de prensa, exhibida en la serie Matchday el delantero Luis Suarez decía:

hay que ser conscientes a parte de tener un buen resultado que tuvimos en la ida, ya venimos de duros golpes de años anteriores con una buena ventaja, asique tenemos bastante leído ese pensamiento de que se nos vuelve a la cabeza de que paso el año anterior.

Suárez, Matchday

El delantero uruguayo da cuenta de que existía un tipo de pensamiento que no se vinculaba al momento presente, sino más bien a la experiencia de derrota vivida en Roma y que en el presente se volvía amenazante.

En la misma conferencia, Marta Carreras de Catalunya Radio, inicia su pregunta:  “perder esta ventaja en el resultado prácticamente solo sería por una cuestión de que el equipo se puede relajar. ¿Es imposible que eso pase después de lo que pasó en Roma, siendo en Liverpool y siendo Anfield?

Valverde responde,

nosotros hemos ganado, debemos conceder a el rival que también nos puede ganar… pero viendo esta sala de prensa repleta, viendo mañana como está el campo relajación yo creo que poca. 

Valverde, Matchday

Los representantes del Barcelona en aquella conferencia, indicaban que enfrentarían el juego con un pensamiento radicado en el pasado y con un estado de alta tensión en el presente.

Para mayor claridad del estado psicológico con el que Barcelona entró a jugar el encuentro, en el citado documental se puede escuchar a Lionel Messi arengando a sus compañeros de la siguiente manera:

 “No dejemos de desaprovechar la oportunidad, dale que estamos ahí, vamos a salir fuerte, recordamos, lo de Roma fue culpa nuestra, de nadie más, que no pase lo mismo, eso fue culpa nuestra, de nadie más”

Messi, arenga pre-partido de vuelta de la UEFA Champions Leage, Matchay

Tres miembros del equipo, líderes por diferentes características y roles, estaban haciendo referencia a la incomodidad con que se jugaba este encuentro. Pensamientos de amenaza, un estado de tensión elevado, un estado emocional de culpabilidad configuraban un estado psicológico totalmente descontrolado y de una vulnerabilidad alta.

¿Cómo explicamos estos estados emocionales y afectivos del Barcelona desde la psicología deportiva?

Pensar los resultados del deporte de alta competencia desde la presión o de la ansiedad competitiva puede ser muy simplificador, así como cada deportista es un mundo, una singularidad, las competencias también lo son y debemos analizarlas desde su particularidad sin olvidar su historicidad.

En el caso particular del Barcelona podríamos pensar en una baja elaboración de las consecuencias psicológicas de una derrota. Los tiempos entre partidos y entre competencias distintas, en algunos casos traslados entre países, planificación de entrenamientos y partidos, deja muy poco tiempo para ello y el “dar vuelta la página y pensar en lo que se viene”, sigue siendo la consigna y respuesta ante estas circunstancias.

Pero, ¿cuándo se transforma esto en un problema? ¿Cuándo debo intervenir y atender? La respuesta se encuentra cuando los discursos significan más lo sucedido que lo que se encuentra sucediendo.

Las variables del partido jugado en Roma presentaba las mismas características que el que se jugaría en Anfield y no sólo se estaba recordando lo sucedido, sino que se estaba reviviendo, construyéndose una acción-respuesta aprendida, que se traduce en una evaluación primaria de la acción caracterizada por la pérdida.  

Partido en Roma, 2018. (Autoría Clarín/AFP)

El estrés inherente a toda actividad humana, incluido en el sueño, es un proceso natural de adaptación al medio. Es un mecanismo que se activa según la experimentación e interpretación que realicemos del medio; si nos sentimos amenazados los niveles de estrés (arousal) aumentaran.

A nivel fisiológico el aumento de estrés implica: ritmo cardíaco acelerado, incremento de la presión sanguínea, incremento del ritmo respiratorio, aumento de glucosa en sangre, descenso de la salivación (sequedad de la boca), aumento de la sudoración, aumento de la secreción de adrenalina, malestar estomacal, incremento de la rigidez muscular, agarrotamiento de las manos y de los pies. (pp. 131- 132. Gil & González, 2001)

Psicológicamente implica distorsión visual, descenso de la flexibilidad mental, sentimientos de confusión, mala gestión de tomas de decisión, aumento de pensamientos negativos, menor capacidad de centrarse en la actuación, atención inadecuada a las vivencias internas, olvido de detalles, recurrir a antiguos hábitos inadecuados, incremento de la tendencia a precipitarse en la actuación.  (pp. 132. Gil & González, 2001)   

En el caso de Barcelona, estaban percibiendo un partido de fútbol de forma negativa, en el que predomina la sensación de pérdida y amenaza. La interpretación de lo que podría suceder en Anfield se hace desde lo experimentado en Roma y existe una sensación de amenaza (miedo) a una situación que aún no ocurre y de la que pueden salir perjudicados.

¿Cuál habrá sido el objetivo propuesto por el Barcelona? ¿cuál habrá sido la táctica para cumplir el objetivo? 

La interpretación de pérdida-amenaza se instala y comienza a elaborarse a partir de ideas de fallo, por ejemplo: un gol del rival producido por un error propio, produciendo la activación de la memoria, reviviendo experiencias pasadas, el sistema psicofisiológico se activa en razón de mantenerse a salvo.

Las ideas de fallo desencadenan pensamientos negativos sobre situaciones inexistentes, mediando entre las acciones que se deben llevar a cabo y las necesidades de conseguir los objetivos establecidos. 

Este acontecimiento psicológico desencadena una serie de alteraciones fisiológicas, las cuales permiten adaptarse a las circunstancias. En el caso del Barcelona prepararse para resistir.

La emoción compleja que caracteriza la evaluación de pérdida – amenaza es el miedo, y este produce dos reacciones básicas, de confrontación o de huida. Las competencias no permiten la huida por lo que enfrentar la amenaza obliga al organismo a generar un tipo de respuesta adaptativa. 

El estado fisiológico provoca otros tipos de pensamientos que se caracterizan por la incertidumbre. No tener claridad ni seguridad de obtener un resultado positivo o de cumplir los objetivos establecidos aumenta la tensión, la ansiedad competitiva se acumula y domina el estado emocional del deportista.

Este círculo intensifica la percepción de amenaza, por lo que debe protegerse y sentirse a salvo. Tal modo de supervivencia provoca que las personas se centren en sí mismos desatendiendo la actividad que realizan, a esto comúnmente se le llama “bloqueo mental”.    

El milagro de Anfield. La amenaza real

El primer gol de Liverpool surge de un error de Jordi Alba a los 6 minutos de juego, dejando mal parada por completo a la defensa de Barcelona. Origi hace el gol luego de que Marc tapa un tiro de Hendersen.

El Partido es intenso, con una Barcelona manejando la presión del Liverpool que hostiga en todas la zonas de la cancha, buscando recuperar la pelota y volver a atacar, una hinchada que celebra cada acción de sus jugadores como si fueran goles y abucheando cada vez que los catalanes tienen la pelota.

Hasta ese momento, un error y un 1-0 no era una real amenaza. Barcelona tiene una de las mejores plantillas del mundo y un resultado a favor. ¿Porqué perder la confianza en sí mismos?

Estando en el camarín mientras se dan las indicaciones de Valverde, los jugadores se dan cuenta de que Jordi Alba se encuentra llorando con la cabeza hundida en la toalla. Valverde continúa la charla técnica no prestando atención a la emoción del jugador.

La negación de la realidad que se produce en el camarín del vestuario es acentuar un síntoma que no había sido atendido de la forma correcta, cuando no elaboramos un síntoma éste se agencia, se manifiesta en diferentes intensidades, desencadena otros síntomas y termina produciendo enfermedades.

Hablarlo, nombrarlo, traerlo cada vez que se podía sólo provocaba que fuera parte del cuerpo llamado Barcelona. La realidad del equipo en esos instantes era que estaban fuera del partido; se encontraban vivenciando en el presente lo ocurrido en Roma, se sentían amenazados.

La inseguridad, la frustración, la rabia que sintieron en aquel partido del 2018 se instalaban en ese presente del 2019. No estaban perdiendo la serie, pero se sentían derrotados y con la culpa como emoción compleja predominante. La atención estaba en lo sentido y no en las capacidades técnicas y tácticas del plantel.

Las arengas, los gestos, posiciones corporales… indicaban un grupo de deportistas que estaba siendo derrotados y que la oportunidad de jugar una final se desvanecía. En esos momentos, ¿qué era real?

¿El marcador de la serie decía 3 a 1 en favor del Barcelona?

¿o el estado psicológico de los jugadores por el resultado?

¿Barcelona estaba jugando en Liverpool o estaba en Roma?   

dentro del campo son cosas difíciles, en los momentos que pasa ¿no? Porque te marcan el primer gol muy rápido. Entonces aparecen, supongo, los fantasmas de Roma.

Gerard Piqué, Matchday

Ya reanudado el partido, Jordi Alba no puede recibir el pase de Raketic provocando una recuperación de balón del Liverpool, un centro hacia atrás y el 2-0.

Un jugador que emocionalmente se encuentra afectado (pena y frustración) por un fallo que provocó un gol rival, que se encuentra condicionado por la consigna “el error fue culpa nuestra, de nadie más” sin duda que entrará a la campo de juego en una situación de vulnerabilidad.  Sólo bastaron 8 minutos del segundo tiempo para que apareciera otro error con consecuencia directa de gol.

-Reacción de Jordi Alba en su Instagram el 10 de mayo de 2019

Jordi Alba a esas alturas no era responsable de lo que sucedía, era el síntoma producido por los fantasmas de Roma, era el síntoma intensificado que no había sido considerado durante la preparación al partido de Anfield.

Los fantasmas de Roma habían recorrido todo Anfield, se habían dejado sentir en cada jugador del Barcelona y en un entrenador sin capacidad de reacción. Valverde sólo se mantenía de manos en bolsillo mirando con el seño fruncido, sin comunicación alguna, ya no había ni ese aplauso tímido a sus jugadores que existió en el 1-0 del primer tiempo.

Ernesto Valverde en el encuentro de vuelta entre Liverpool y Barcelona por la UEFA Champions League.

Ellos atancando y atacando, ahora con los ánimos por las nubes, nosotros con los ánimos muy abajo. Y no paraba de mirar el marcador, no me creía lo que estaba pasando.

Sergi Roberto, Matchday

Pero ciertamente no sólo jugaban contra los fantasmas de Roma, también jugaban con otro de los mejores equipos del mundo, con un entrenador considerado de los mejores del mundo y en un clima competitivo donde el estadio e hinchada juegan un papel relevante.

Psicologizar los argumentos que provocaron la derrota del Barcelona sería irresponsable pues el Liverpool fue un equipo completo en lo táctico, técnico y mental.  

Liverpool enfrentaba el duelo sin dos jugadores importantes, Mohamed Salah y Roberto Firmino, el líder del Liverpool es el alemán Jurggen klopp, el cual se aprecia vibrando corporalmente en cada jugada, pareciera que es un hincha más en las gradas de Anfield, celebra y anima a los jugadores, se encuentra jugando el partido como si fuera uno de los 11 jugadores en cancha.

Como guía y líder, transmite un estado de implicancia en la tarea, motivación al logro y una confianza plena en sus dirigidos.

Minutos antes de iniciarse el segundo tiempo del partido, Klopp choca su mano con la de un hincha, sonríe a la hinchada, se dirige hacia G. Wijnaldum que reemplazará a A. Robertson y le abraza, palmotea en la espalda y sonríe. Transmitir implicancia y confianza es un refuerzo positivo para todos.

G. Wijnaldum a los 53:08 anota el 2-0 y a los 55:10 anota el 3-0. Coincidencia o no, es inevitable pensar las relaciones existentes en la producción resultante entre confianza, eficiencia y motivación de logro. Aquella de la que careció el Barcelona.

Jurgen Klopp en el partido de ida Barcelona – Liverpool en el Camp Nou UEFA Champions League. Gestos, expresiones, actitudes de un líder.

…esperábamos también que la energía del Liverpool descendiera de alguna manera y encontrarnos a nosotros mismos.

Marc Ter Stegen, Matchday

Barcelona intentaba armar su juego, buscaban la portería del Liverpool, teniendo un 55% de la posesión del balón, pero en los deportes de oposición en el alto rendimiento aquel que se encuentre más cerca de la excelencia marca las diferencias de un encuentro.

El fútbol es de tiempo largo, sin pausas en su transcurso, de resoluciones en el campo.

La capacidad de concentración por tiempo prolongado es vital para un equipo, pero un equipo golpeado por un resultado que hacía más potentes los fantasmas del pasado y presionado en todos los espacios de la cancha, favorece la incapacidad de discriminar las cosas verdaderamente importantes del presente.

No dejar jugar al oponente implica estresar al oponente, que cometa errores no forzados, que no logre concentrarse, que genere emociones negativas. 

“10 segundos, 2 minutos, 3 … los minutos que sean, estas desatento, te relajás un poco y te pasa lo que nos pasó el año pasado a nosotros.”

Luís Suárez, Matchday

Minuto 79 del partido se produce un tiro de esquina a favor de Liverpool, 7 jugadores del Barcelona en su área entre que miraban el suelo o hacia la portería rival (concentración disminuida),

 Mientras que Ter Stegen aplaudía y gritaba animando a sus compañeros, Alexander  -Arnold, colocaba la pelota en la esquina, y le dejaba el lugar a otro compañero, pero al ver a la defensa y arquero no posicionados y distraídos decide ejecutar tirando un centro que Origi logra conectar para el 4-0.

Los fantasmas de Roma  se hacían reales en los cánticos de los hinchas en los 83 minutos de juego para decir que no habían jugado contra Roma sino contra el Liverpool, despidiendo al Barcelona de la UEFA Champions League.

Gerard Piqué en la serie documental Matchday dice lo siguiente a modo de respuesta para la derrota en Liverpool:

fue por todo un poco, pero, sobre todo, fue un tema mental, que teníamos el partido de Roma muy reciente y, quieras o no, por mucho que intentas no pensar en ello, que intentas darle la vuelta, todo se parecía mucho a esa experiencia y terminas con el mismo resultado.

Conclusiones

El Barcelona podría ser el árbol caído desde el cual hagamos nuestra leña, pero tiene que convertirse en un devenir, en una linea de fuga desde la cual entender el aspecto psicológico de la práctica deportiva.

No estamos hablando de jugadores y cuerpos técnicos “amateur”, sino de “profesionales del deporte”. La diferencia se genera en la subjetividad que es atravesada y producida por multiplicidades de hechos, acciones, otredades y deseos que producen una forma de acción deportiva, que no siempre es goce o satisfacción.

A raíz de lo expuesto en este análisis debemos pensar en las preguntas que nos originan estos hechos; que nos permitan producir tecnologías, dispositivos de intervención.

¿Cómo intervenir los síntomas individuales que terminan contagiándose al colectivo? ¿o existirá un síntoma colectivo que se agencia en lo individual en distintas intensidades?

Las tecnologías e interventores como los psicólogos deportivos en los grupos-equipos, ¿debiesen ser agentes de prevención permanente y no sólo para enfrentar crisis?

Y si es así, ¿en qué espacio y tiempo de la estructura (planificación) actuar? ¿y cual sería su margen de intervención?


-Contacta a un psicólogo deportivo y agenda una asesoría

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *