El rol de los padres en el deporte

El deporte se una de las actividades extra-escolares más recomendadas para nuestros hijos, pues es una excelente manera de mejorar la salud de los niños, e inculcarles un sinfín de valores que contribuirán en su desarrollo como personas.

Sin embargo, esto no es entendido por todos los padres de la misma forma. Para comenzar, que los niños practiquen deportes ya es algo bueno por sí mismo, no es necesario incluir la competición para mejorar la experiencia. De hecho, muchas veces esto es contraproducente.

¿Cuál es el rol de los padres en el deporte de sus hijos entonces? En mi experiencia como profe y entrenadora, he visto demasiadas situaciones en las que, al pasar del formato juego al formato competición (a veces incluso sin darnos cuenta), obtenemos resultados no deseados en nuestros hijos porque los padres asumen roles que no deberían.

Estos resultados van desde el aumento de la frustración de nuestros chicos, baja autoestima, demasiada orientación a resultados, e incluso problemas más graves como estrés deportivo o depresión. Y en este sentido, los padres tienen un rol clave en el deporte que practican sus hijos.

Pero para ver de una forma más fácil qué rol deben cumplir los padres en el deporte, acá va un listado de recomendaciones para los padres de niños y niñas deportistas:

Experiencia por encima de resultado:

¿Cuál es el objetivo de la práctica deportiva en edades primarias? Claramente no es acumular medallas, sino disfrutar del formato juego que contienen todos los deportes y tener una buena experiencia, enriquecedora y positiva. En definitiva, pasarlo bien.

Si nos centramos en resultados, números o medallas, provocaremos que nuestros hijos/as pierdan el sentido de la práctica deportiva y aparecerán además emociones complejas como la frustración, aumentará el estrés e incluso podríamos presenciar un abandono prematuro del deporte.

¿Quiere esto decir que no debo animar a ganar a mis hijos? Por supuesto que sí. Pero en las categorías inferiores, ganar debe ser un complemento secundario.

Animar antes que evaluar:

Nuestros hijos/as ya tienen un entrenador/a que tiene el rol de mostrarles cómo mejorar durante el entrenamiento semanal. Como padres, debemos ser lo más útiles para nuestros hijos, enseñándoles la importancia de la constancia, la puntualidad y el compromiso en los entrenamientos y competiciones.

Estos son valores que sí se pueden enseñar desde la casa. Sin embargo, las “evaluaciones deportivas” de nuestro hijos, como el desarrollo técnico o el desempeño en un partido o competición no son algo en lo que podamos entrar, ya que estaríamos ocupando un rol que no es el nuestro. No importa si somos “especialistas” en el deporte o no.

Premiar el compromiso antes que el resultado:

No son pocos los padres que prometen a sus hijos/as premios en base a resultados. Por ejemplo, “iremos a comer fuera si quedas entre los tres primeros puestos”, u “hoy lo único que te pido es que marques un gol”.

Como padres, debemos eliminar estos “premios” si queremos que nuestros jugadores disfruten del juego sin presión y puedan cumplir los objetivos propios de sus categorías (relacionados con lo formativo).

¿Y si aplaudimos la puntualidad, la asistencia o el compañerismo en vez de los goles y las medallas? La medalla solo es accesible a tres participantes; sin embargo la asistencia por parte de todos es necesaria para que el juego sea lo más completo y exigente posible.

Acompañar antes que ordenar:

Si nuestros chicos/as se acostumbran a que les obliguemos a ir a entrenar o a competir “porque sí” y no porque en realidad ellos quieren hacerlo, estaremos generando relación de dependencia con nuestra autoridad y a la vez impediremos que sean ellos mismos los que asuman la responsabilidad que requiere dedicarse al deporte, tanto de forma recreativa como competitiva.

Educación en valores por sobre el exitismo:

¿Ganar a cualquier precio? En mi experiencia como entrenadora he visto demasiadas situaciones de desigualdad en contextos de juego.

Aplaudir la victoria o celebrarla en demasía cuando sabemos que hemos ganado ante un rival inferior (en edad, experiencia…) no tiene ningún aporte en el aprendizaje de los jugadores.

Al contrario, en estas ocasiones debe conversarse si existe una desigualdad entre los equipos para que los niños/as la comprendan y, sin quitar el refuerzo positivo, se aprenda a encajar este tipo de variables en los resultados o experiencia vividos.

Elogiar antes que criticar:

¿Qué aprenderán de nosotros nuestros hijos/as si al acabar un partido nos escuchan hablando mal de sus compañeros de equipo, los árbitros, o de su propio entrenador/a? Puede que a veces el profe o el árbitro se equivoquen, porque también son humanos. Pero si mi hijo me escucha, tras una derrota, echar la culpa al entrenador/a o un tercero, estamos menguando su capacidad de autocrítica, humildad y respeto por el resto de roles que existen en el deporte, como el del entrenador.

Evitemos el “fulanito es muy malo, no sé por qué le hacen jugar”. Todos los niños/as tienen derecho a practicar deporte y a participar del juego o del campeonato, sean cuales sean sus capacidades.

Será en otras categorías cuando deban aprender que la estrategia o la victoria requieren de la participación desigual de los jugadores dentro del campo de juego.

Educar desde el ejemplo:

Los padres son el primer espejo para sus hijos/as. En este sentido, ¿de qué sirve llevar agua y frutas para mi hijo si su compañero no ha traído comida?

Velar por los cuidados de mi hijo también implica estar atento/a las necesidades de sus compañeros. No importa si hablamos de deportes individuales o colectivos.

Estar, siempre:

Es indescriptible para un niño/a mirar a la grada y encontrarse con su familia sonriéndole y apoyándole, comparado con un niño/a que está acostumbrado/a a que sus familiares le dejen en el partido y se vayan, o que directamente llegue solo/a.

Compartir los momentos clave de nuestros hijos es decisivo en el correcto desarrollo de su amor propio, su confianza y sociabilidad. En la medida de lo posible, la familia siempre debe estar presente. Y deberá hacerlo en un rol de acompañantes, de descubridores y facilitadores de la práctica deportiva.

Bajo ninguna circunstancia “estar” significa sentarse más alejado de la grada para poder gritar al árbitro o a los jugadores con libertad, hacer de entrenador/a de mi hijo/a gritándole en cada momento del partido lo que debe o no deber hacer, ni mucho menos sobrepasarse con improperios al equipo contrario, árbitros o cualquier otra persona.


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